a K.
Lo que me duele es que te engañen, me duele que creas las mentiras. Me duele darme cuenta de tu ingenuidad, me duele que no luches al ver arrebatada tu dignidad. Y duele aún más que sea arrebatada en un brusco absurdo del que no eres más que un elemento circunstancial.
Esa libertad que tanto construimos, esas miradas perdidas que otros veían en nosotros, ese no andar por los caminos iluminados por luces ignotas, todo eso lo tiras ahora, el esfuerzo de tus manos, la cadencia de tus pasos, se detiene todo y se consume en ti. No peleas tu propia pelea y te dejas caer por creer mentiras estúpidas, por vencerte en tu indiferencia. No esperes jamás que otros venzan los obstáculos por ti. Es tu lucha y no haces nada. Esta es la máxima prueba de tus ideales, que ahora arrancados no defiendes. Me duele ver tu indiferencia ante ti misma, me duele que al verla no te haya golpeado, no haya sido yo quien te despierte a puñetazos, mordidas y tirones, porque vi tu error y te deje caer, y no quise pelear tu batalla. Compartimos ese mismo ideal, lo forjamos acompañándonos y ahora me veo dejarte, por la misma indiferencia en la que tú dejas tus propios huesos romperse. Yo debí ser tu conciencia porque por segundos te quedaste sin mirada, tú debiste ser la mía y gritarme fuerte que no sabías qué hacer, que te ayudara a ver.
Todo esto me rompe el corazón y me rompe por completo, porque entonces hemos vivido un engaño, no somos lo que creíamos que éramos, no somos más que los demás, seguimos patrones absurdos, nos dejamos engañar y no luchamos. Esto me revienta en la cara como lágrimas, no poseemos esa paz que tanto predicamos, no somos más que farsas enlodadas, transgredidas por el medio, corroídas. Es eso o nuestros ideales, nuestros pensamientos, vuelan más allá de los actos de justicias e injusticias humanas, es eso o hemos roto ya toda barrera y entonces la condición de nuestros cuerpos, los elementos del medio, ya no dominan nuestra mente. Pero no creo que se trate de esa perfección por tanto inhumana y ficticia, si no es que casi divina, y lo digo sin menosprecio, no lo creo porque lo digo dudando. Hoy me siento pequeña, blanda y con pasos inciertos.
No estás pagando culpas, no las tuyas. O al menos al principio del proceso las cadenas no debieron ser para ti. Ahora, tu pasividad será lo que te condene y así a mí. Este podría ser el momento en que justifiques tus motivos, tus ideales, este es el momento en el que debes demostrar que vales más en libertad, legitimizar tu existencia libre. Si no mueves un dedo entiendo que dan igual para ti los atropellos, los arrebatos, las mentiras, los engaños, la porquería del egoísmo, la miseria de la injusticia ¿es eso lo que hemos soñado?
Si te van a mutilar que sea por un motivo claro, que sea por llevar en alto la cara, que sea por tu propio trabajo, que sea con tus manos cansadas, por vivir congruente tu propia vida, no por este absurdo que ni tú conoces. Si no luchas por eso ¿por qué si lucharías? ¿No luchas por ti y por lo más preciado en tus manos? ¿Dejas que te arrebaten lo único verdaderamente propio? ¿Dejas que se diluya tu esencia en este remedo de absurdos?
Te veré y te golpearé por hacerme pasar este mal rato. Te veré y replantearemos los términos de lo que creíamos que éramos, cada quien con sus particularidades, pero orientados al mismo objetivo máximo. Me abruma pensar que mis pies han avanzado sin saberse perdidos, me deja en un vacío. No quiero convencerme de que nos hemos autoengañado tanto tiempo.